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Retiros

Silencio, naturaleza y presencia: así fue nuestro retiro de verano en la Sierra de Gredos

Tres días para volver al cuerpo, al aliento y a lo esencial. Compartimos lo vivido en nuestro último retiro en plena naturaleza.

6–9 de agosto de 2026
6 min de lectura
Sierra de Gredos, Ávila
Por Amaris · Escuela de Nyasa Yoga Nidra
Interior con luz cálida natural y vistas a la Sierra de Gredos

Del 6 al 9 de agosto nos reunimos en una antigua casa rodeada de árboles, montañas y silencio para compartir un retiro dedicado al Yoga Nidra, la presencia y el descanso profundo. Fueron tres días para soltar el ritmo, volver al cuerpo y recordar que la transformación también sucede cuando nos permitimos no hacer nada.

Volver al cuerpo

Las prácticas nos guiaron a habitar el cuerpo desde la suavidad. A escuchar lo que pide, lo que necesita y lo que ya no carga. Entre sesiones de descanso lúcido, el rumor de los castaños mecidos por el viento y el silencio compartido, cada participante fue encontrando su propio espacio de quietud.

Entorno natural de castaños y luz dorada en la Sierra de Gredos
El silencio matinal en la finca rural donde celebramos el retiro de verano.
«Volví a sentir el silencio como hogar y a confiar en los ritmos de mi cuerpo.»
— PARTICIPANTE DEL RETIRO

El arte de detenerse

En un mundo condicionado por la velocidad constante y la exigencia de productividad, detenerse no es un lujo: es un acto radical de cuidado y lucidez. Durante estos tres días, el tiempo recuperó su textura natural. Las comidas preparadas con alimentos locales de la huerta, las caminatas sin rumbo fijo por senderos de robles y las largas sesiones de Nyasa Yoga Nidra al caer la tarde tejieron una red invisible de sostén.

La colocación consciente de la atención (Nyasa) permite desarticular las tensiones neuromusculares que acumulamos en la vida cotidiana. Al recorrer cada punto del cuerpo sin intención de cambiarlo, la mente aprende a soltar el control y a confiar en la sabiduría orgánica del descanso.

Compartir este espacio en un grupo reducido facilitó una intimidad respetuosa, donde el silencio nunca fue una imposición, sino un refugio natural acogido por todas las personas presentes.

La huella que permanece

El retiro concluyó el domingo al mediodía con una práctica de integración y un círculo de palabra. Regresar a la cotidianidad no significa olvidar lo vivido, sino sembrar pequeños oasis de descanso y presencia en cada jornada que amanece.

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